Por Gaby Juárez*

Hace algunos días mientras revisaba titulares de artículos, me encontré con uno que hablaba sobre Simone de Beauvoir y su libro: “El segundo sexo” en el cual a manera de síntesis se exponían los principales puntos que abordó en su obra, en ellos se mencionaba entre otros términos: la otredad (la constante necesidad de nombrar a la mujer como la otra, me explico: la esposa de, la madre de, la hija de) fue cuando me surgió una idea, el reflexionar sobre las mujeres en la literatura, pero acercándolo más a nuestro medio, a Latinoamérica y a pensar en que mujeres han roto esta barrera de la otredad y han construido un ser sobre si mismas no dependiente de otros.

Al revisar mi acervo sobre este tema descubrí solo 6 libros de mujeres latinoamericanas, aunque son pocas son un gran ejemplo del como lograron labrar su figura literaria ajena en ocasiones a la regla, y del como su voz se hizo audible a través de las palabras. Para hablar de ellas prefiero externar más que su biografía o su camino recorrido las emociones y sensaciones que provocan, ya que al final como lector es lo que más mella deja en tu ser.

Una de las primeras que leí fue a Esther Seligson, alguien totalmente desconocida para mí, cuando me sumergí en sus letras, poco importaba ya sí la conocía o no; mi acercamiento a ella fue a través de su libro: “Todo aquí es polvo”, este libro está escrito a manera de autobiografía y nos va narrando con un estilo muy lírico su paso por la infancia, la adolescencia y la adultez, siempre haciendo énfasis en que es mujer y en lo que tuvo que vivir, no para llegar a consolidarse sino para lograr sobrevivir, en esta obra he encontrado una de las frases de apertura más poderosas que he podido leer, dice así: “No sabría decir exactamente cuando empezaron a desnudarle el alma”. Bajo esta premisa nos sumergimos en el mundo de la desilusión, la pena, el dolor, el cual es una constante en su obra. El punto del porque la he traído a colación fue por el hecho de que en ocasiones la industria va descatalogando libros que a su parecer no son lo suficientemente rentables, en este caso me supongo que al ser Seligson poeta, el que se tuviese un libro de narrativa le resto puntos y lo descatalogaron sin darse la oportunidad quizá de darle más notoriedad, lo pienso porque me costó 30 pesos en una librería en la sección de ofertas, no con esto pretendo decir que un libro debe ser caro, pero era notorio que estaba siendo desplazado, ignoro que otros motivos se tengan para ello. Cuando lo reseñe en mi blog, me fue muy difícil encontrar información sobre el en la web y vaya que es un libro muy interesante y lleno de sabiduría en muchos sentidos y en realidad esto es lo que pasa cuando uno se atreve a salir de su zona, la crítica es abrumadora y hunde cosas muy buenas, otra de mis ideas en torno a este libro es la temática censurable quizá para algunos, ya que habla de sexo explícitamente, de infidelidad y del cómo no todo es de un color o de otro, a veces se es la víctima y a veces el victimario.

Cuando pienso en una escritora que haya roto las barreras del género en cuanto a escritura se refiere es Elena Poniatowska, ya que su obra es valorada y atesorada ampliamente sin importar su sexo. Lo importante de esta reflexión es reconocer que cuando se trata de letras no debería haber diferencias ni prejuicios. Recordemos que en nuestro mundo más o menos globalizado en algunas latitudes se vive en el siglo XXI y en otros en el siglo XIX, por lo cual no es de extrañar que no sólo en las letras sino en la vida cotidiana la mujer tiene un papel más allá de secundario, en ocasiones es nulo, y el concebir incluso la idea de que una mujer estudie ya es demasiado estrambótica per se.

En el mundo de los libros por supuesto hubo y hay esta segregación, si recordamos la premisa o la idea base del ensayo de Virginia Woolf, esta  se centró en como la mujer siempre ha sido desplazada de este mundo artístico y en el hecho de que si escribe ha de ser algo sentimental, poco profundo y carente de visión, sentimentalismo puro vaya, cuando no es así, cuando debiésemos comprender que el género no limita las capacidades mentales, sino otros factores como la desinformación, la plaga del siglo (soy un tanto fatalista).

Cuando se es lector se deben cortar o romper los filtros que tenemos sobre quien escribe mejor y cuáles son los motivos para escribir, he escuchado y he vivido el prejuicio que pesa sobre las mujeres al escribir, se piensa erróneamente que nuestra línea es el sentimentalismo y que cuando escribimos lo hacemos porque hemos sufrido mucho, porque la vida es difícil y demás ideas, no niego que en ocasiones manejamos más descriptivamente las emociones, pero no significa que sea una especie de etiqueta.

Sobre mujeres en las letras podemos hablar mucho, sobre el imaginario de Elena Garro, el realismo mágico de Isabel Allende, la cotidianeidad de Cristina Pacheco o la crítica de Rosario Castellanos. Lamentablemente el espacio relativo es breve para comentar un poco de todas, aun así lo que me gustaría destacar es que la otredad debe dejar de ser una constante, que al leer seamos receptivos y nos demos cuenta de los problemas de nuestra sociedad, de la lectura entre líneas, del silencio y la censura que aún existe y que cuando vayamos a elegir procuremos ser equilibrados, darnos la oportunidad de leer mujeres latinas, les aseguro que descubrirán cosas muy interesantes y por qué no, quizá un poco de sí mismos.


*Soy una chica de 24 años, Mexicana a la que le gusta la literatura, las causas sociales, la historia, el cine, la ciencia (y la comida). Mis palabras favoritas son: tafetán, serendipía, etéreo y efímero. Me gusta el chocolate caliente, el té con crema, el otoño y el viento.

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