todos soñamos con descubrir el nuevo significado

sería genial saber lo que se siente aunque creo que le sabemos

pero bueno nunca es tarde para acostumbrarse y buscarse

en esos lugares del mar donde la luz del sol no llega.

Augusto Sonrics

El ser humano es esencialmente nostálgico. Se arroja al pasado para encontrar el consuelo que el presente no le otorga. Desprecia las ideologías que lo rodean e intenta emular lo que sucedió con anterioridad, ya sea través del arte, de la moda o de los pensamientos y opiniones en torno a un tema. Quiere retomar los preceptos previos y trasladarlos a su línea temporal para que los impregne con una supuesta frescura y estilo propio.

Ir en contra de la nostalgia está visto como algo antinatural. Las personas que lo hacen pueden ser tachadas de falsos progresistas, de irrespetuosos con las figuras ‘de autoridad’. Sin embargo, no hay impedimento alguno para que existan grupos reducidos de personas que cuestionen a la nostalgia. La ven, en muchos casos, como algo fútil, y contrario a la mayoría, aceptan el presente y trabajan sobre él, con los objetos a su alrededor, para que la estancia terrenal sea fructífera.

En ese grupo de personas encontramos a Augusto Sonrics, poeta culiacanense que, en una suerte de manifiesto, vertió todas sus concepciones sobre el mundo actual. Dicha obra lleva el nombre de Seroquel Dreams, editada en el 2016 por la editorial Tiempo que resta ediciones, que se ubica en Puebla.

Entre verso y verso, interpelando con formas poco vistas y referencias que se considerarían banales, Sonrics entrama toda una tesis de aceptación del mundo posmoderno. Introduce elementos de nuestra cotidianeidad –como las redes sociales, la compra desmesurada de productos, la excesiva propaganda capitalista– y los mezcla con imágenes poéticas nuevas y conocidas, que emergen como cuestionamientos que el poeta se hace sobre nuestro futuro (de ahí que parta la frase de “imaginar muy probablemente sea el nuevo conocer”).

Fragmentado entre versos de largo aliento y momentos donde recurre a la prosa –si bien ésta no es prosa pura, sino una variante de y que al mismo tiempo está segmentada–, Sonrics refiere al mundo externo y al interno que lleva en su cabeza. Arroja referencias sobre los objetos que lo rodean y cómo se desenvuelve a través de ellos, poniendo en evidencia que lo complementan y lo hacen una persona normal. Con los versos, el poeta dialoga con el lector y con el mundo tangible, y con la prosa nos muestra un monólogo interior, que cambia, se transforma y adapta a lo real.

Dentro del poemario, Augusto considera que hay elementos intrascendentes en nuestra vida diaria, y los analiza meticulosamente para saber cómo se llega a la trascendencia espiritual e histórica, una que deje huella y mueva a todo aquél que tenga las mismas preocupaciones. Él, a través del libro, comenta que la única forma de liberarse de lo fútil y crear algo valioso es con ayuda de la imaginación. Vedada en los últimos años, la imaginación se ha vuelto enemigo de la globalización, pues supone una forma de rebeldía contra lo establecido. Se encuentra en desprestigio.

Pero Sonrics la retoma y considera en ella la única verdad. Al mismo tiempo, voltea a ver las imágenes poéticas que, si bien han existido a lo largo de la historia, no han dejado de ser bellas. Es ahí donde comienza el cuestionamiento de lo que hace bello al mundo. El poeta considera que muchos objetos actuales son análogos a los que dejaron de existir, y que ellos contienen belleza. La postura converge para subsanar los errores que se cometen, para que en las cosas supuestamente malas hallemos un placer estético.

A pesar de que el mundo se torne decadente en muchas ocasiones, Augusto Sonrics considera que tiene un lado amable, placentero. La voz poética se vuelve una con lo que analiza, sea bueno o malo. Lo conoce, y al terminar ese proceso, sabe su forma y acepta su existencia. Entonces el poeta sabe que puede crear a partir de él. Todo lo que haga tendrá como propósito agregar un granito de arena para que el mundo sea un lugar mejor.

En un río donde todos se quejan del presente, de la decadencia humana, y añoran con regresar al pasado, Seroquel Dreams nada contracorriente. Va en un propio carril donde el cauce es tranquilo. Le permite llegar al lugar que quiere y tomarse el tiempo necesario para proponer su tesis. Es un manifiesto que se rebela contra lo dicho, pues ahí no encontraremos el mismo lamento que escuchamos en nuestra cotidianeidad, sino una perspectiva distinta de asimilar el mundo.